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En pequeña planicie en los contrafuertes del lomerío que separa Quito del valle de Tumbaco, a la vera del camino que siguió la expedición de Pizarro que descubrió el Amazonas, rodeado de quebradas hondas, está el santuario de Guápulo, por siglos sitio de peregrinación devota de las gentes quiteñas.
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que allí se honra fue tallada por Diego de Robles y policromada por Luís de Rivera. AI principio no hubo sino una ermita. En 1596 el obispo López Solís, muy devoto de la Virgen de Guápulo, le edificó iglesia. Medio siglo más tarde, en 1649, se comenzó, bajo la vigilancia del H. Antonio Rodríguez, la actual.El templo, amplio y noble, es de una sola nave, con planta de cruz latina de 60 por 27 metros, presidida por gran cúpula central. La fachada conjuga un neoclásico sencillo, con original espadaña de dos cuerpos superpuestos.
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que allí se honra fue tallada por Diego de Robles y policromada por Luís de Rivera. AI principio no hubo sino una ermita. En 1596 el obispo López Solís, muy devoto de la Virgen de Guápulo, le edificó iglesia. Medio siglo más tarde, en 1649, se comenzó, bajo la vigilancia del H. Antonio Rodríguez, la actual.El templo, amplio y noble, es de una sola nave, con planta de cruz latina de 60 por 27 metros, presidida por gran cúpula central. La fachada conjuga un neoclásico sencillo, con original espadaña de dos cuerpos superpuestos.
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